martes, 17 de junio de 2014

El rostro apacible

No hay nada en el mundo más incomprensible que los
rostros, o mejor dicho, algunos rostros:
 un conjunto de rasgos y de miradas que, de pronto, se
convierte en la única realidad, el enigma más
importante del universo que uno contempla con sed y
con hambre, como si un mensaje superior estuviera escrito en él.

 Amélie Nothomb, Cosmética del enemigo.

Camino por la calle y siempre noto la sucesión de incontables rostros. Caras, facciones, gestos y miradas que esconden una individualidad atormentada por vicisitudes de toda índole. Como habitaciones en llamas, bajo llave. Pero es imposible no reconocer en aquellos semblantes trastocados un acentuado dejo de simulación, de desfiguramiento. Entonces pienso que nuestras caras convulsionadas intentan ocultar desesperadamente todo lo que en realidad somos. Una espesa y gruesa capa de carne y hueso que oculta de forma deficiente nuestros apetitos y obsesiones, nuestros miedos y deseos, todo aquello que nos reservamos bajo la apariencia del pensamiento y la voz que nadie más puede escuchar. Todo lo que es secreto inconfesable, verdad elemental, apetencia vedada. En consecuencia, el principio depravado del anonimato se erige con absoluta claridad: colocarle una máscara —un rostro apacible— al hombre para que revele toda la dimensión de quién es en realidad. 

1 comentario:

  1. Y debajo de las máscaras casi siempre hay monstruos.
    (genial)

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