lunes, 28 de octubre de 2013

Anders Johan Ture Rangström (1884 – 1947)

«Perhaps indeed my interest in music sprang from poetry, for it was the word, the ardent word of the poet, that aroused my remorseless desire to compose».

«Tal vez es cierto que mi interés por la música surgió de la poesía, porque era la palabra, la palabra ardiente del poeta, lo que despertó en mí el deseo implacable de componer».
Ture Rangström 

     Anders Johan Ture Rangström nació en la ciudad de Estocolmo (Suecia) el 30 de noviembre de 1884. Fue compositor, profesor de canto, director y crítico musical. Murió a causa de un cáncer en la garganta, en su ciudad natal, el 11 de mayo de 1947. Fue uno de los primeros compositores suecos en adquirir reconocimiento y fama internacional. 

     
     La poesía fue siempre su punto inflexible de inspiración. La música que compuso lo demuestra generosamente y no sólo porque esté inspirada, en mayor o menor medida, en los escritos de Bo Bergman y August Strindberg (de éste último, Rangström fue especial admirador: luego de la muerte de Strindberg, compuso su primera sinfonía sobretitulada 'August Strindberg in memoriam' en 1914; y en 1915 concluye la ópera 'Kronbruden', basada en una obra de teatro del mismo Strindberg), sino porque Rangström pudo desarrollar su propio estilo, caracterizado por un romanticismo tenso y dramático, casi arcaico, capaz de transmitir las más sutiles visiones con una fuerza estridente que hace llorar a los ojos de la imaginación. Él mismo se hacía llamar un 'poeta musical', un evocador de imágenes a través de la música.
     Ture Rangström compuso cuatro sinfonías. Luego de la primera, dedicada a Strindberg, le sigue 'Mi país' (Mitt land, 1919), después 'Canto bajo las estrellas' (Sång under stjärnorna, 1929) y finalmente Invocatio en 1936. Resulta significativo mencionar, desde el punto de vista desde el que se escribe esta breve reseña, que sus primeros trabajos fueron creados bajo la forma de poemas sinfónicos y que gracias a ellos recibió gran parte del reconocimiento que cosechó como compositor. Algunas de estas obras son: 'Ditirambo' (Dithyramb, 1909), 'Un pedazo de verano' (Ett midsommarstycke), 'Una canción de otoño' (En höstsång) y 'Canción del mar' (Havet sjunger, 1913).  
     La música de Rangström tiene un vigor maravilloso, una armonía salvaje, robusta e indómita. Un hálito wagneriano inconfundible. Dado a estas características de sus composiciones, fue signado con el sobrenombre de Sturm-und-Drangström, en una alusión al movimiento pos-romántico alemán Sturm und Drang (Tormenta y estrés), que tomó posesión en la música y literatura alemana alrededor de 1760 y 1780 y que consistía en el énfasis que hacía en las emociones fuertes y la libre expresión para contrarrestar el racionalismo reinante de la época.
     Lo descubrí hace poco y la verdad ha sido una suerte. Lo recomiendo ampliamente.

lunes, 21 de octubre de 2013

'Una soledad demasiado ruidosa' de Bohumil Hrabal

«...estoy solo para poder vivir en una soledad poblada de pensamientos». 
«Los libros me han enseñado el placer y la voluptuosidad de la devastación...» 
Bohumil Hrabal 

     A veces podemos concluir que el único objetivo de nuestra vida es aprender a lidiar con todo lo que se vuelve obsoleto. La dinámica del tiempo, en su decurso, hace que cada cosa caduque: lo que hoy es útil, mañana es inútil. Las cosas terminan como un despojo arrimado al rincón más oscuro de la casa, inservibles ya, carentes de finalidad alguna, consumidas, si se quiere, en su propia función. Un ejemplo bastante gráfico de todo esto es nuestra propia basura: tesoros que han muerto en nuestras manos, que han sido destruidos, rajados, manchados y que posteriormente han perdido su valor antes nuestros ojos. Un proceso imperceptible, a veces, pero incesante como el oleaje del mar, siempre. 


     Hanta, el protagonista de esta historia, es un hombre solitario que durante treinta y cinco años ha tenido como trabajo triturar libros, papeles y reciclar otros desechos como reproducciones de pinturas famosas, folletos, etcétera. Trabaja en un sótano oscuro, sumido en una maraña de pensamientos e introspecciones que, alimentadas por las frases de los libros que salva de la trituradora y que luego lee, se convierten en espectros de su pasado, presente y futuro. Un trabajo mecánico que él emprende con una dedicación sobrenatural, tomándose el esfuerzo y el gusto de adornar con delicadeza y sentido cada bala de papel reciclado que sale de la trituradora. Es un «tierno carnicero», como él mismo se describe; él, como último eslabón de una insospechada cadena, se permite crear dentro de la misma destrucción que el se encarga de administrar. 
     Esta novela de Bohumil Hrabal está narrada es una fantástica prosa y toda ella rebosa de reflexiones sobre la soledad, a veces elegida y asumida, mientras que otras veces nos es impuesta como un puente roto entre el mundo y nosotros; la creación artística, la censura, la modernización y, finalmente, dentro de todo el relato, las consecuencias del deterioro, la transitoriedad y la extinción que nos rodea, ese eterno dilema frente a lo obsoleto. Libro imprescindible.

lunes, 14 de octubre de 2013

El caminante inmóvil (artículo sobre Robert Walser)

     Un hombre tirado en la nieve. Muerto. Su sombrero a unos metros de él, completamente huérfano. Con el cuerpo boca-arriba y los ojos abiertos, mira el cielo. Incluso, ahí acostado sobre el lecho blanco y pulcro del frío invierno suizo, parece escuchar atento cómo la Naturaleza admira, absorta y respetuosa, casi con fervor, su muerte. Podríamos creer que Robert Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de1878- † cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956) logró, no sólo pronosticar su muerte, sino planificar el contexto, la escenificación de la misma: 

«(…) con que nobleza ha elegido su tumba. Yace en medio de espléndidos abetos verdes, cubiertos por la nieve. No quiero avisar a nadie. La naturaleza se inclina a contemplar a su muerto, las estrellas cantan dulcemente en torno a su cabeza y las aves nocturnas graznan. Es la mejor música para alguien que no tiene oído ni sensaciones». 
Robert Walser, Los hermanos Tanner. 

     
La vida de Robert Walser estuvo llena de lugares poco comunes, erigiéndose él mismo como la principal excentricidad. Su trabajo como escritor estuvo fuertemente condicionado por la enfermedad, la pobreza y la soledad. Deja de escribir estando cerca de los 50 años, se aleja por completo de la vida literaria (en la cual, por cierto, no recogió, en vida, ningún éxito comercial), para refugiarse durante las tres décadas (27 años) siguientes en los sanatorios mentales de Waldau y Herisau (Suiza). Sin embargo, el diagnóstico sobre su trastorno mental es ambiguo e incierto. Unos apoyan la tesis de que era esquizofrénico pero de todos los síntomas que constituyen esta enfermedad psicológica, el sólo presentó alucinaciones, la mayoría de las veces siendo estas sólo de carácter auditivo. Otros argumentan que Walser padecía del Síndrome de Asperger, ya que desde temprana edad se podían percibir ciertos comportamientos propios del síndrome (retraimiento, ausencia de amistades, profunda incapacidad para establecer relaciones interpersonales con iguales, ausencia de reciprocidad emocional y social, etcétera). Sea como fuere, es indudable que en Walser se cumplen, como una sentencia o una profecía indulgente, las palabras de André Gide, cuando afirma que: «( …) creo que las enfermedades son llaves que nos pueden abrir puertas. Hay un estado de buena salud que no nos permite comprenderlo todo, de alguna manera las enfermedades pueden favorecer las actividades creativas». Hago hincapié en esto por el particular estilo literario de Robert Walser, en sus personajes casi anónimos y fugaces y en como la falta de hogar, lo provisional de sus existencias, son parte de su temática. La existencia humana, en la visión de Walser, consiste en una total superficialidad (Robert Walser: La influencia de su enfermedad en su creación literaria, M. Miranda et al. Revista Médica de Chile, 2010). Pero más que superficialidad, es transitoriedad, disolución, desaparecimiento. Todos los personajes que salen de Walser, resumen las mismas actitudes que él derrochó en vida. A pesar de que estudió para mayordomo, desempeñó por muy poco tiempo este trabajo. Luego, por unos años, fue bibliotecario pero su inconsistencia laboral era acentuada y lo mantenía en una ininterrumpida pobreza que lo agobiaba constantemente. Incomprendido y fracasado, Walser fue un nómada vocacional. Entre las ciudades en las que vivió podemos mencionar Basilea, Zurich, Viena, Stuttgart, Munich, Berlín, Ginebra y Berna. Catorce domicilios conocidos únicamente en la última ciudad por la que pasó. Jamás pudo establecerse en algún lugar, excepto en los sanatorios. Nunca fue dueño de una casa ni habitó en residencia propia, no tuvo muebles, ni tampoco poseía libros, su ropa era escasa pero limpia y en buen estado. Todas sus posesiones cabían en un solo equipaje. Parecía que se quisiera aislar tanto de las personas como de las cosas, mutilar todo contacto, todo apego, cualquier suceso que lo atara invariablemente al mundo. Referente a sus pertenencias, escribió: «Una maleta es toda tu casa en este mundo». 
     Tomando en cuenta estas evidencias y características de la vida de Robert Walser, más que un hombre con alguna enfermedad o trastorno mental, se nos dibuja el carácter de un sabio que tuvo el valor y la entereza espiritual para apearse de la vida.


lunes, 7 de octubre de 2013

'Ella, Drácula: Erzsébet Báthory' de Javier García Sánchez

    
     Al momento de escribir esta reseña no sé si empezar por el libro o por el personaje del que trata el libro. Es difícil. Primero, porque el personaje, Erzsébet Báthory, es una figura histórica polémica y misteriosa, y sobre ella se ha escrito mucho; sobran las interpretaciones sobre su vida y el momento de la Historia en el cuál le tocó vivir. Así que me encuentro con que no hay pocos puntos de vista ni tampoco una sola verdad sino, en contrario, acusaciones y defensas sobre una mujer en la que recaen crímenes atroces, una crueldad ilimitada y mucha sangre. Y segundo, por la misma estructura del libro que, en su mayoría, no tiene buena acogida entre el lector promedio porque el lenguaje con el que está escrito es bastante complejo. Detallista y enrevesado, narra vívidamente una historia de horrores que por otro lado, muchos académicos e historiadores se permiten cuestionar. Y esto sucede principalmente porque el contexto político y geográfico en los que se desarrolló la vida de Erzsébet Báthory son engorrosos y para nada simples. 
     Nos encontramos en Hungría, en el año 1560. En esta época el país estaba parcialmente ocupado por los turcos y las revueltas en Transilvania, donde nace Erzsébet Báthory, son incesantes ya que se trata de una de las zonas más convulsionadas por las batallas y las incursiones de ambos bandos. Viene al mundo como aristócrata húngara y perteneciente a una de las familias con más poder económico, militar y político en ese país. A sus escasos once años, en 1571, es prometida a su primo Ferenc Nádasdy de dieciséis años y que ostenta ya el título de Conde de Bratislava. En 1575 se casa con él. Ella tiene ahora quince años y Ferenc, veinte. En 1598 el matrimonio ya tenía dos hijas: Ana (1585), Úrsula (1586); y un hijo, Pablo (1598). En 1604 muere el Conde de Bratislava, esposo de Erzsébet Báthory, también conocido como 'El Caballero Negro de Hungría', por la costumbre de empalar vivos a sus enemigos en el campo de batalla. Erzsébet Báthory, viuda y de cuarenta y cuatro años de edad (suficientes para que en aquél tiempo se le considerara una mujer que está llegando a ser anciana), señora feudal de un considerable distrito de Transilvania, procede a despedir a toda su familia del castillo quedándose con unas pocas sirvientas y un personal de confianza conformado por Dorkó, Jó Ilona, Fickzó y Kata, esta última una sirviente atormentada pero complaciente con su ama. 
     Muchos consideran que fue a partir de este momento en el Erzsébet Báthory empieza a cometer sus crímenes. En el libro reseñado, se deja entrever que antes tuvo unas tímidas pero entusiastas incursiones donde la crueldad hacia las personas que las servían y ciertas travesuras implacables contra primos y otras personas cercanas a ellas, dejaban ver un espíritu ciego a su propia maldad. La misma curiosidad infantil parecía una criatura deforme y mal intencionada que fue capaz de enterrar vivo a un polluelo a ver si su cuerpo se comportaba igual que la semilla de una árbol. 
     Nunca se sabrá con absoluta certeza si todas las matanzas horrendas y crímenes sanguinarios que se le atribuyen son ciertos (aunque hubo pruebas y testimonios presenciales de sus crímenes, nunca fue procesada judicialmente por su condición de noble, sin embargo se le condenó al aislamiento de por vida, en una habitación de su castillo, donde una vez adentro, todas las salidas fueron tapiadas con bloques y argamasa, dejando apenas una pequeña rendija por donde pasar un plato con las tres comidas escuetas del día y un poco de luz y aire; en estás espantosas condiciones, la condesa vivió durante cuatro años enteros antes de perecer), y es prudente señalar que quien descubrió y proporcionó algunas de las dichas pruebas fue su primo y enemigo político, el conde palatino, Jorge Thurzó. 
     Este libro es una intrigante lectura, sin lugar a dudas. La vida y obra de un personaje histórico que navega entre la leyenda y la realidad sobre una barcaza construida con los 630 cuerpos de mujeres jóvenes, muchas de ellas vírgenes, torturadas, desmembradas y desangradas en los calabozos fríos del castillo de Csejthe.