martes, 10 de diciembre de 2013

Las horas

Es difícil narrar un sueño que se ha tenido. Es decir, el sueño es algo que ha ocurrido en tu cabeza. Sólo allí. Escenas que sólo tu has presenciado y que recuerdas parcialmente, fragmentadas. A veces son sensaciones nada más. Procesos inefables sucediendo sin parar, rememorando hechos del pasado y mezclando eventos del presente. Pero todo allí -en el sueño- es incierto. Todo existe incompleto, en pedazos, fracturado, hecho añicos, en porciones y trozos que parecieran guardar algún tipo de relación secreta entre sí. Pero es imposible saberlo. Son conexiones demasiado ocultas dentro de nosotros mismos como para estar conscientes de ellas.

Hace unas noches tuve un sueño extraño. Cada vez que tengo este tipo de sueños, hago el esfuerzo de ponerlos por escrito de la forma más coherente posible. Hasta los he usado como material para escribir cuentos. Creo que en el fondo sólo persigo el anhelo de comprender qué he soñado, por qué, y cuáles serán sus consecuencias. Todo nos cambia, incesantemente. 

Como decía, hace unas noches tuve un sueño inusual. Me encontré en un templo, un edificio parecido más a una mezquita que a una iglesia, sin ídolos, cruces, caligrafías, nada que pudiera indicar de qué culto se trataba. No había muebles y en apariencia, nadie más que yo. Largos y elaborados vitrales dejaban pasar generosamente la luz de un sol también soñado. Me encontraba de pie en el centro de la estructura. Me pareció estar sólo pero nunca me sentí como tal. Tuve la certeza de que estaba acompañado pero que no podía ver a mi acompañante. Del libro leí la siguiente frase en voz alta, como si le leyera a alguien más: «No la apagues. ¿De qué sirven las horas si están llenas con el silencio de la nada?» 

El sueño acaba abruptamente. Me levanté a medianoche sólo para escribir esa frase, para rescatarla. 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Enrique Lihn y Max Klinger

'La madre muerta' de Max Klinger.


Qué otra cosa se puede decir de la muerte
que sea desde ella, no sobre ella
Es una cosa sorda, muda y ciega
La antropomorfizamos en el temor de que no sea un sujeto
sino la tercera persona, no persona, "él" o "ella"

La mujer reemplazada en Klinger por una estatua yacente
sarcásticamente maternal, sobre cuyo pecho plano como una
                                                                    /lápida, yo, el bebé
mezcla de sapo y ángel, miro a los espectadores con terror
nunca los mismos, siempre ausentes
como en un teatro
donde se representa una obra congelada. 

Qué otra cosa se puede decir... de Enrique Lihn.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los muertos anónimos

     No sé cuántos cementerios he visitado durante toda mi vida pero son lugares que ejercen sobre mí un gran poder de atracción. Me parecen solitarias salas de espera, al cielo abierto, llenas de vegetación y tierra caliente, seca, rodeadas por brisas pasajeras y suaves, pobladas de insectos silenciosos y contemplativos. Las lápidas vigiladas por ángeles decapitados con mangos y otras frutas tropicales podridas a sus pies, las vírgenes de piedra que no pueden sacudirse a los tuqueques de encima y los Cristos morenos, tostados al sol, incapaces de bajarse de la cruz en busca de sombra, forman una multitud de extrañas figuras humanas inmóviles con rostros inexpresivos agrietándose a la intemperie. La vegetación es aleatoria y profusa, polvorienta y moribunda. Los guardianes del cementerio son muy parecidos entre ellos, casi siempre son ancianos lentos, parcialmente ciegos, de andares lánguidos y despreocupados. Te abordan y ofrecen agua, ya que el trayecto al pozo es todo el tiempo largo y agotador. El silencio, denso y consistente como la niebla, se fractura bajo el peso eterno del canto de una chicharra invisible. 

§
   
     En cierta ocasión le pregunté a un cuidador si no temía dormir en el cementerio. Me dijo que no porque las noches son muy tranquilas. "Los muertos no sueñan", me dijo mientras mascaba tabaco, tan impávido como una piedra. "Además, soy un hombre bueno. Dios guarda a los hombres buenos", soltó luego, antes de irse. Su ropa decolorada lo hacía ver como un daguerrotipo viviente. Se llamaba Jorge Seven.

§

   También están aquellas lápidas tan viejas que los nombres tallados sobre el mármol tratado han sido borrados por los elementos. Debajo yacen los muertos que han perdido sus nombres, que los han olvidado. Da igual que estén en una fosa común (como en Viaticum Bluff), o en una tumba personal. Nada ha sobrevivido de ellos y lo único que se puede percibir es una figura difusa, petrificada y con mirada interrogante, esperando el Último Día al lado de su propia sepultura. 

martes, 19 de noviembre de 2013

Mahfúd Massís

Mis bestias de amianto
buscan el valle del emir que vive con un pulmón de cisne.
Bebido estoy del vino del nadir, el vino armado
de recuerdos y de lanzas.
Vedme desnudo. Mi única armadura es el beso,
y en mis manos apenas cabría la muerte de un poeta.
Mas, ¿qué aroma de chacales os perfuma las sienes?
¿Por qué estos negros pájaros sobre vuestra morada?
Mi alma sólo precisa del amor
y del dulce haschisch que duerme en vuestros ojos.

Decid ¿qué piedras, qué heredad, qué ventura azarosa,
qué garfios me atan como a un perro
a la estatua y a la piel de este bosque maldito?
Imploro a la inmensidad, a los monstruos errantes
amarrados al cielo.
A las estrellas que caen a los pequeños lagos.

Pero ¡ay! las cadenas me ciñen todavía más lejos,
hacia donde la luz boga hace ciclos de selvas y de años
y los peces caerían por tanta sed de vuelo.
Más allá del divino espacio adivinado,
donde hasta las aletas de Dios se quebrarían:
vivo atado al negro musgo de mi alma.

§


He pensado también en las negras bestias del cementerio.
Dicen que hay culebras que viven con leche de muertas,
abren secretos postigos, y duermen hondamente
como caballeros grises.
Duermen sobre los vientres de niñas sin corola, gimen apasionadamente.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Fernando Pessoa - Diarios (fragmentos)

«Quien tiene alma, no tiene calma».

     Actué siempre hacia dentro... Nunca he tocado la vida... Siempre que yo esbozaba un gesto, acababa en un sueño, heroicamente,... Una espada pesa más que la idea de una espada... Dirigí grandes ejércitos, vencí grandes batallas, disfruté grandes derrotas; todo dentro de mí. Disfrutaba paseando solo por las alamedas y por los largos pasillos, dando órdenes a los árboles y a los retratos de la pared... [...] Nunca supe cómo se ama... Sólo supe cómo se sueña amar.

*

     Entre yo y el mundo hay una niebla que impide que vea las cosas como verdaderamente son; como son para los otros.
     Esto es lo que siento. 

*

    Ay de aquellos que han sido tocados por lo transcendental y a quienes todo les duele por frío, inexpresivo y distante.

*

    No hago visitas, ni estoy en contacto con ningún tipo de sociedad, ni de cafés ni de salones. Hacerlo sería sacrificar mi unidad interior, entregarme a conversaciones inútiles, hurtarle el tiempo, si no a mis pensamientos y a mis proyectos, a mis sueños, que siempre son más hermosos que la conversación ajena.

*

     Siempre procuré ser un espectador de la vida sin involucrarme en ella. De este modo, asisto a esto que esta sucediéndome, como un extraño, con la salvedad de que extraigo de los vulgares hechos que me rodean una voluptuosidad amarga.

*

     Me asedia un vacío absoluto de fraternidad y afecto. Incluso los que están cerca de mí no lo están, estoy rodeado de amigos que no son mis amigos y de conocidos que no me conocen.

*

     El odio a las instituciones, a las convenciones, incendió mi alma con su fuego. El odio a los padres y a los reyes creció en mí como un torrente desbordante. Yo era un cristiano ardiente, fervoroso, sincero; mi naturaleza sensible, emotiva, pedía fuego para su hambre, alimento para su fuego. Pero cuando miré a aquellos hombres y mujeres, dolientes y débiles, me di cuenta de que no merecían la prolongación de su infierno. ¿Qué mayor infierno que esta vida? ¿Qué maldición más dura que esta vida? «La voluntad libre», me dije a mi mismo, «es otra convención y otra falsedad que los hombres han inventado para poder castigar y torturar bajo el amparo de la palabra justicia, que es un nombre que oculta la palabra crimen. Nos juzguéis, dice la Biblia, la Biblia: no juzguéis y no seréis juzgados». Mientras era cristiano creía que los hombres eran responsables del mal que hacían; odiaba a los tiranos, maldecía a los reyes y al clero. Cuando me libré de la inmoral, de la falsa filosofía de Cristo, odié la tiranía, la monarquía, el sacerdocio: el mal en sí mismo. De los reyes y del clero tuve lástima porque ellos mismos son hombres. 

Fernando Pessoa, Diarios.

domingo, 10 de noviembre de 2013

'A Tale of Two Sisters' (Historia de dos hermanas) de Kim Ji-Woon

Es un filme de horror, lleno de visiones supernaturales, enfermedades mentales y un profundo drama familiar. Creo que de las películas de Kim Ji-Woon, es una de las que más me ha gustado. Está basada en una leyenda coreana llamada 'Janghwa Hongryeon jeon', literalmente 'La historia de Janghwa y Hongryeon', de la era de la dinastía Joseon (1392-1910). 


     La trama discurre en una tétrica y aislada vivienda cerca de un lago y lejos de la ciudad. Dos jóvenes hermanas, Su-mi (Lim Soo Jung) y Su-yeon (Moon Geun-young), regresan a casa luego de una larga hospitalización a causa de la muerte de su madre. Mientras tanto, su padre (Kim Gab Soo) se ha casado con otra mujer, Eun-joo (Yum Jung Ah) a la que las dos niñas le tienen una clara aversión. Sentimiento recíproco según van descubriendo poco a poco. Extrañas y violentas visiones empiezan a perturbar a las dos hermanas y a su madrastra, llevando la tensa relación entre ellas a un punto de no retorno en el que se revelarán terribles secretos familiares. 


     El tratamiento que hace Kim Ji-Woon a este antigua historia es extraordinario. Agrega aspectos actuales como, por ejemplo, las enfermedades y trastornos mentales, lo que le da a la película un giro tan interesante como brutal.

jueves, 7 de noviembre de 2013

F. Pessoa & H. Murakami: sobre las simulaciones

'Autopsicografía' de Fernando Pessoa

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y quienes leen lo que escribe,
sienten, en el dolor leído,
no los dos que el poeta vive
sino aquél que no han tenido.

Y así va por su camino,
distrayendo a la razón,
ese tren sin real destino
que se llama corazón.

——

«No, doctora. Por favor. No debe decir nada más. Espere el sueño tal como le dijo aquella mujer. Comprendo muy bien cuáles son sus sentimientos, pero éstos, una vez se traducen en palabras, se convierten en mentiras.»

Haruki Murakami, Después del terremoto (Tailandia). 

§

    Creo que hay una especie de barrera entre el pensamiento impoluto y sin forma, y el lenguaje que lo expresa, escrito o hablado, en este mundo. Una barrera, sí, pero no infranqueable. Funciona más como un portal, el marco de una puerta, algo que el pensamiento debe cruzar cada vez que toca este mundo. Y en ese cruce sucede una justa y necesaria transformación: el pensamiento se rebaja, pierde densidad, se hace traducible y de hecho, es traducido, deteriorándose en sí mismo. Entonces, luego de todo el proceso, queda la palabra como un despojo, forzosamente palpable para y por nuestros sentidos, carente de todo lo inefable pero a la misma vez con un grandioso poder evocador que sin embargo suele quedarse corto. Y si esto, creo, ocurre con un pensamiento cualquiera, con más razón le debe suceder a un sentimiento o a una emoción. ¿Cómo expresar lo que nace indecible sin mentir? ¿Cómo articular, si quiera, lo impronunciable sin fingir? No se puede. Me es difícil evitar pensar que nuestras palabras más sublimes son nada más que toscas representaciones de lo que ellas pretenden comunicar; medios defectuosos que hacen lo que pueden con lo que tienen y el resto depende de nosotros.
     Es cierto que ni Pessoa ni Murakami, en los dos fragmentos acá mostrados, hablan de lo mismo. El primero se refiere al poeta que miente deliberadamente sobre una emoción o sentimiento que siente, es decir, lo engrandece a través de la mentira. Lo utiliza para escribir, lo transforma: pero es un sentimiento simulado por su misma exteriorización, a pesar de que lo siente con una veracidad fuera de toda duda. Por otro lado, Murakami es más claro. Sí, podemos llegar a entender el sentimiento de una persona pero es una comprensión intuitiva, fundamentada en nada palpable. Bastaría que esa persona se exprese, revele su sentimiento en palabras, tratando de explicarlo para que mienta involuntariamente, casi por error, como un accidente. El punto de confluencia en ambos autores es, básicamente, que un sentimiento expresado, revelado, expuesto en palabras, sean habladas o escritas, es una mentira.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Noche de insomnio (Breve reseña de la vida y obra de José Antonio Ramos Sucre)

     Podemos ser muy afortunados y encontrarnos durante todo el transcurso de nuestras vidas, apenas con un par de autores por los cuales lleguemos a sentir una empatía extraordinaria que trascienda toda barrera del tiempo, de la distancia y del idioma, o que en el último de los casos, supere incluso el inevitable obstáculo de la mismísima muerte. Esta devoción laica que surge espontánea y unilateralmente, desde el lector hacia el autor, es una sublime conexión que desborda las almas propensas a las interconexiones y correspondencias místicas y sensibles al metalenguaje de las palabras y sus imágenes. Con Ramos Sucre sucede, sin duda alguna, un efecto similar con quienes logran con modestia y humildad, sentirse plenamente identificados con este autor venezolano. 
     José Antonio Ramos Sucre nació el 9 de junio de 1890 en la ciudad de Cumaná y muere en Ginebra, Suiza, el 13 de junio de 1930. Cuarenta años de vida que finalizan con la última muerte voluntaria: un suicidio causado por una sobredosis de Veronal (somnífero actualmente fuera de circulación desde los años sesenta por sus efectos secundarios: su uso prolongado producía farmacodependencia y una sobredosis podía causar fácilmente la muerte). Digo última muerte voluntaria, porque la muerte es, si no un pilar de fe en la obra de Ramos Sucre, al menos se configura como uno de los "ejes estructurales y temáticos" de todos sus escritos. 
     Su educación empieza en Cumaná, donde aprende sus primeras letras en la escuela Don Jacinto Alarcón. Con tan solo diez años de edad (1900), es enviado a Carúpano para ser educado por su padrino y tío paterno, el historiador y letrado, culto y políglota, presbítero José Antonio Ramos Martínez, quien le sirve de sacerdote para impartirle los misterios iniciáticos del latín y la lectura. Momento que, en perspectiva, fue decisivo en la vida de Ramos Sucre, ya que las enseñanzas emanadas de su tío, sin duda alguna, marcaron el cauce de su vida a pesar de que la estadía fue de apenas tres años. En 1903 vuelve a su hogar en Cumaná. 
     De regreso a su ciudad natal estudia en el Colegio Nacional de Cumaná. En 1910 se gradúa de bachiller en Filosofía y viaja a Caracas para iniciar en la Universidad Central de Venezuela (UCV) sus estudios de Derecho y Literatura, y continuar el aprendizaje de idiomas (griego antiguo y moderno, francés, inglés, italiano, portugués, alemán, danés, sueco y sánscrito). En una carta que le escribió a su madre le dice que "estudiar para mí es un morbo". Graduado de abogado en la UCV en el año 1917, ejerce esta profesión temporalmente cuando es nombrado juez accidental de Primera Instancia en lo Civil. Como jurista docto, produce una sentencia memorable en el ámbito del Derecho Internacional Privado, en la cual se muestra más favorable a las normas morales que a las rígidas instituciones del Derecho. Se gana la vida como profesor de Historia y Geografía Universal y venezolana, Latín y Griego en liceos de educación media. Asimismo desde 1914 comienza a trabajar como intérprete y traductor en la Cancillería hasta el año de 1929. Muere como Cónsul en Ginebra en el año de 1930. 
     En 1921 publica Trizas de papel y en 1923 Sobre las huellas de Humboldt, un «ensayo» con evidentes visos de ser un importante trabajo. En los próximos años será cuando se decante y revele, finalmente, la magnitud de su obra. En consecuencia nace, en 1925, La torre de Timón, de una postura poética lo suficientemente magnánima para propagar en el lector la impresión de un mundo tan vasto e intrínseco como las propias trascendencias y maromas verbales que las describen. 
     Las formas del fuego y El cielo de esmalte, dos libros publicados en 1929, conforman el broche definitivo de su estilo y visión: ambos recogen recreaciones adornadas con una prosa poética concisa y contundente pero a la vez deslumbrante, como si intentásemos describir una centella con los ojos abiertos. La obra de Ramos Sucre está repleta de metáforas estéticas que reviven episodios históricos, que dramatizan al hombre frente a las circunstancias trágicas propias de la más mínima de las existencias, que superponen las nociones emocionales inefables sobre los conceptos materialistas que, a pesar de estar casi siempre a la mano, se quedan cortos en subjetividades e interpretaciones. Leer a Ramos Sucre, aun sin cierta disposición contemplativa, sin fe en el lenguaje y en su poder de evocar imágenes extraordinarias, es, sin más, ejercer la profesión de impresionado y tal vez de aturdido, frente a la disección de un suceso en cientos de palabras y miles de efigies de hermosas formas y profundidades. 
     Para los críticos de la época, la obra del poeta cumanés creó siempre un problema frente a la necesidad de catalogarla. Algunos la aclamaron surrealista incurriendo en el común error de confundir la ortodoxia radical del lenguaje con neologismos y vanguardias. Sí, los poemas de Ramos Sucre pueden que estar llenos de simbolismos y misticismos pero nada en ellos se rebela contra la “lógica referencial” o incurre en la exageración rebuscada. De esta manera, y como dice Toni Montesino sobre Ramos Sucre: “es una excepcionalidad dentro de la literatura: no es modernista ni surrealista, ni clásico ni vanguardista. Y lo es a la vez todo. Es un poeta en prosa y no parece vivir la vida que le tocó vivir. Es uno de esos autores insólitos que no tienen maestros ni discípulos". 
     En España fue publicada una obra completa (428 páginas) de José Antonio Ramos Sucre, que llegó a través de la Biblioteca Sibila, editorial de la Fundación BBVA/España, especializada en la literatura hispanoamericana. Igualmente, la Biblioteca Ayacucho también editó una obra completa del autor que contiene: La torre de Timón (1925), que a su vez incluye sus dos obras anteriores: Trizas de papel (1921) y Sobre las huellas de Humboldt, El cielo de esmalte (1929) y Las formas del fuego (1929). Además de una recopilación de poemas, cartas y traducciones.  

Anexo. La obra de Ramos Sucre no ha tenido la difusión que se merece. Es un gran autor patrio que ha pasado años prácticamente desconocido. Estoy seguro que él no está del todo incómodo en esa tenue niebla del olvido ligero pero aún así creo que es importante que sus escritos se den a conocer cada vez a más personas. En este sentido, he creado una cuenta en Twitter (@ramos_sucre) y un sitio en Tumblr (http://ramos-sucre.tumblr.com/). En ambas herramientas sociales participa Guillermo Parra (@venepoetics), traductor al inglés de Ramos Sucre y Juan Sánchez Peláez. Los invito a seguir estas cuentas y disfrutar del contenido que regularmente publicamos.

lunes, 28 de octubre de 2013

Anders Johan Ture Rangström (1884 – 1947)

«Perhaps indeed my interest in music sprang from poetry, for it was the word, the ardent word of the poet, that aroused my remorseless desire to compose».

«Tal vez es cierto que mi interés por la música surgió de la poesía, porque era la palabra, la palabra ardiente del poeta, lo que despertó en mí el deseo implacable de componer».
Ture Rangström 

     Anders Johan Ture Rangström nació en la ciudad de Estocolmo (Suecia) el 30 de noviembre de 1884. Fue compositor, profesor de canto, director y crítico musical. Murió a causa de un cáncer en la garganta, en su ciudad natal, el 11 de mayo de 1947. Fue uno de los primeros compositores suecos en adquirir reconocimiento y fama internacional. 

     
     La poesía fue siempre su punto inflexible de inspiración. La música que compuso lo demuestra generosamente y no sólo porque esté inspirada, en mayor o menor medida, en los escritos de Bo Bergman y August Strindberg (de éste último, Rangström fue especial admirador: luego de la muerte de Strindberg, compuso su primera sinfonía sobretitulada 'August Strindberg in memoriam' en 1914; y en 1915 concluye la ópera 'Kronbruden', basada en una obra de teatro del mismo Strindberg), sino porque Rangström pudo desarrollar su propio estilo, caracterizado por un romanticismo tenso y dramático, casi arcaico, capaz de transmitir las más sutiles visiones con una fuerza estridente que hace llorar a los ojos de la imaginación. Él mismo se hacía llamar un 'poeta musical', un evocador de imágenes a través de la música.
     Ture Rangström compuso cuatro sinfonías. Luego de la primera, dedicada a Strindberg, le sigue 'Mi país' (Mitt land, 1919), después 'Canto bajo las estrellas' (Sång under stjärnorna, 1929) y finalmente Invocatio en 1936. Resulta significativo mencionar, desde el punto de vista desde el que se escribe esta breve reseña, que sus primeros trabajos fueron creados bajo la forma de poemas sinfónicos y que gracias a ellos recibió gran parte del reconocimiento que cosechó como compositor. Algunas de estas obras son: 'Ditirambo' (Dithyramb, 1909), 'Un pedazo de verano' (Ett midsommarstycke), 'Una canción de otoño' (En höstsång) y 'Canción del mar' (Havet sjunger, 1913).  
     La música de Rangström tiene un vigor maravilloso, una armonía salvaje, robusta e indómita. Un hálito wagneriano inconfundible. Dado a estas características de sus composiciones, fue signado con el sobrenombre de Sturm-und-Drangström, en una alusión al movimiento pos-romántico alemán Sturm und Drang (Tormenta y estrés), que tomó posesión en la música y literatura alemana alrededor de 1760 y 1780 y que consistía en el énfasis que hacía en las emociones fuertes y la libre expresión para contrarrestar el racionalismo reinante de la época.
     Lo descubrí hace poco y la verdad ha sido una suerte. Lo recomiendo ampliamente.

lunes, 21 de octubre de 2013

'Una soledad demasiado ruidosa' de Bohumil Hrabal

«...estoy solo para poder vivir en una soledad poblada de pensamientos». 
«Los libros me han enseñado el placer y la voluptuosidad de la devastación...» 
Bohumil Hrabal 

     A veces podemos concluir que el único objetivo de nuestra vida es aprender a lidiar con todo lo que se vuelve obsoleto. La dinámica del tiempo, en su decurso, hace que cada cosa caduque: lo que hoy es útil, mañana es inútil. Las cosas terminan como un despojo arrimado al rincón más oscuro de la casa, inservibles ya, carentes de finalidad alguna, consumidas, si se quiere, en su propia función. Un ejemplo bastante gráfico de todo esto es nuestra propia basura: tesoros que han muerto en nuestras manos, que han sido destruidos, rajados, manchados y que posteriormente han perdido su valor antes nuestros ojos. Un proceso imperceptible, a veces, pero incesante como el oleaje del mar, siempre. 


     Hanta, el protagonista de esta historia, es un hombre solitario que durante treinta y cinco años ha tenido como trabajo triturar libros, papeles y reciclar otros desechos como reproducciones de pinturas famosas, folletos, etcétera. Trabaja en un sótano oscuro, sumido en una maraña de pensamientos e introspecciones que, alimentadas por las frases de los libros que salva de la trituradora y que luego lee, se convierten en espectros de su pasado, presente y futuro. Un trabajo mecánico que él emprende con una dedicación sobrenatural, tomándose el esfuerzo y el gusto de adornar con delicadeza y sentido cada bala de papel reciclado que sale de la trituradora. Es un «tierno carnicero», como él mismo se describe; él, como último eslabón de una insospechada cadena, se permite crear dentro de la misma destrucción que el se encarga de administrar. 
     Esta novela de Bohumil Hrabal está narrada es una fantástica prosa y toda ella rebosa de reflexiones sobre la soledad, a veces elegida y asumida, mientras que otras veces nos es impuesta como un puente roto entre el mundo y nosotros; la creación artística, la censura, la modernización y, finalmente, dentro de todo el relato, las consecuencias del deterioro, la transitoriedad y la extinción que nos rodea, ese eterno dilema frente a lo obsoleto. Libro imprescindible.

lunes, 14 de octubre de 2013

El caminante inmóvil (artículo sobre Robert Walser)

     Un hombre tirado en la nieve. Muerto. Su sombrero a unos metros de él, completamente huérfano. Con el cuerpo boca-arriba y los ojos abiertos, mira el cielo. Incluso, ahí acostado sobre el lecho blanco y pulcro del frío invierno suizo, parece escuchar atento cómo la Naturaleza admira, absorta y respetuosa, casi con fervor, su muerte. Podríamos creer que Robert Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de1878- † cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956) logró, no sólo pronosticar su muerte, sino planificar el contexto, la escenificación de la misma: 

«(…) con que nobleza ha elegido su tumba. Yace en medio de espléndidos abetos verdes, cubiertos por la nieve. No quiero avisar a nadie. La naturaleza se inclina a contemplar a su muerto, las estrellas cantan dulcemente en torno a su cabeza y las aves nocturnas graznan. Es la mejor música para alguien que no tiene oído ni sensaciones». 
Robert Walser, Los hermanos Tanner. 

     
La vida de Robert Walser estuvo llena de lugares poco comunes, erigiéndose él mismo como la principal excentricidad. Su trabajo como escritor estuvo fuertemente condicionado por la enfermedad, la pobreza y la soledad. Deja de escribir estando cerca de los 50 años, se aleja por completo de la vida literaria (en la cual, por cierto, no recogió, en vida, ningún éxito comercial), para refugiarse durante las tres décadas (27 años) siguientes en los sanatorios mentales de Waldau y Herisau (Suiza). Sin embargo, el diagnóstico sobre su trastorno mental es ambiguo e incierto. Unos apoyan la tesis de que era esquizofrénico pero de todos los síntomas que constituyen esta enfermedad psicológica, el sólo presentó alucinaciones, la mayoría de las veces siendo estas sólo de carácter auditivo. Otros argumentan que Walser padecía del Síndrome de Asperger, ya que desde temprana edad se podían percibir ciertos comportamientos propios del síndrome (retraimiento, ausencia de amistades, profunda incapacidad para establecer relaciones interpersonales con iguales, ausencia de reciprocidad emocional y social, etcétera). Sea como fuere, es indudable que en Walser se cumplen, como una sentencia o una profecía indulgente, las palabras de André Gide, cuando afirma que: «( …) creo que las enfermedades son llaves que nos pueden abrir puertas. Hay un estado de buena salud que no nos permite comprenderlo todo, de alguna manera las enfermedades pueden favorecer las actividades creativas». Hago hincapié en esto por el particular estilo literario de Robert Walser, en sus personajes casi anónimos y fugaces y en como la falta de hogar, lo provisional de sus existencias, son parte de su temática. La existencia humana, en la visión de Walser, consiste en una total superficialidad (Robert Walser: La influencia de su enfermedad en su creación literaria, M. Miranda et al. Revista Médica de Chile, 2010). Pero más que superficialidad, es transitoriedad, disolución, desaparecimiento. Todos los personajes que salen de Walser, resumen las mismas actitudes que él derrochó en vida. A pesar de que estudió para mayordomo, desempeñó por muy poco tiempo este trabajo. Luego, por unos años, fue bibliotecario pero su inconsistencia laboral era acentuada y lo mantenía en una ininterrumpida pobreza que lo agobiaba constantemente. Incomprendido y fracasado, Walser fue un nómada vocacional. Entre las ciudades en las que vivió podemos mencionar Basilea, Zurich, Viena, Stuttgart, Munich, Berlín, Ginebra y Berna. Catorce domicilios conocidos únicamente en la última ciudad por la que pasó. Jamás pudo establecerse en algún lugar, excepto en los sanatorios. Nunca fue dueño de una casa ni habitó en residencia propia, no tuvo muebles, ni tampoco poseía libros, su ropa era escasa pero limpia y en buen estado. Todas sus posesiones cabían en un solo equipaje. Parecía que se quisiera aislar tanto de las personas como de las cosas, mutilar todo contacto, todo apego, cualquier suceso que lo atara invariablemente al mundo. Referente a sus pertenencias, escribió: «Una maleta es toda tu casa en este mundo». 
     Tomando en cuenta estas evidencias y características de la vida de Robert Walser, más que un hombre con alguna enfermedad o trastorno mental, se nos dibuja el carácter de un sabio que tuvo el valor y la entereza espiritual para apearse de la vida.


lunes, 7 de octubre de 2013

'Ella, Drácula: Erzsébet Báthory' de Javier García Sánchez

    
     Al momento de escribir esta reseña no sé si empezar por el libro o por el personaje del que trata el libro. Es difícil. Primero, porque el personaje, Erzsébet Báthory, es una figura histórica polémica y misteriosa, y sobre ella se ha escrito mucho; sobran las interpretaciones sobre su vida y el momento de la Historia en el cuál le tocó vivir. Así que me encuentro con que no hay pocos puntos de vista ni tampoco una sola verdad sino, en contrario, acusaciones y defensas sobre una mujer en la que recaen crímenes atroces, una crueldad ilimitada y mucha sangre. Y segundo, por la misma estructura del libro que, en su mayoría, no tiene buena acogida entre el lector promedio porque el lenguaje con el que está escrito es bastante complejo. Detallista y enrevesado, narra vívidamente una historia de horrores que por otro lado, muchos académicos e historiadores se permiten cuestionar. Y esto sucede principalmente porque el contexto político y geográfico en los que se desarrolló la vida de Erzsébet Báthory son engorrosos y para nada simples. 
     Nos encontramos en Hungría, en el año 1560. En esta época el país estaba parcialmente ocupado por los turcos y las revueltas en Transilvania, donde nace Erzsébet Báthory, son incesantes ya que se trata de una de las zonas más convulsionadas por las batallas y las incursiones de ambos bandos. Viene al mundo como aristócrata húngara y perteneciente a una de las familias con más poder económico, militar y político en ese país. A sus escasos once años, en 1571, es prometida a su primo Ferenc Nádasdy de dieciséis años y que ostenta ya el título de Conde de Bratislava. En 1575 se casa con él. Ella tiene ahora quince años y Ferenc, veinte. En 1598 el matrimonio ya tenía dos hijas: Ana (1585), Úrsula (1586); y un hijo, Pablo (1598). En 1604 muere el Conde de Bratislava, esposo de Erzsébet Báthory, también conocido como 'El Caballero Negro de Hungría', por la costumbre de empalar vivos a sus enemigos en el campo de batalla. Erzsébet Báthory, viuda y de cuarenta y cuatro años de edad (suficientes para que en aquél tiempo se le considerara una mujer que está llegando a ser anciana), señora feudal de un considerable distrito de Transilvania, procede a despedir a toda su familia del castillo quedándose con unas pocas sirvientas y un personal de confianza conformado por Dorkó, Jó Ilona, Fickzó y Kata, esta última una sirviente atormentada pero complaciente con su ama. 
     Muchos consideran que fue a partir de este momento en el Erzsébet Báthory empieza a cometer sus crímenes. En el libro reseñado, se deja entrever que antes tuvo unas tímidas pero entusiastas incursiones donde la crueldad hacia las personas que las servían y ciertas travesuras implacables contra primos y otras personas cercanas a ellas, dejaban ver un espíritu ciego a su propia maldad. La misma curiosidad infantil parecía una criatura deforme y mal intencionada que fue capaz de enterrar vivo a un polluelo a ver si su cuerpo se comportaba igual que la semilla de una árbol. 
     Nunca se sabrá con absoluta certeza si todas las matanzas horrendas y crímenes sanguinarios que se le atribuyen son ciertos (aunque hubo pruebas y testimonios presenciales de sus crímenes, nunca fue procesada judicialmente por su condición de noble, sin embargo se le condenó al aislamiento de por vida, en una habitación de su castillo, donde una vez adentro, todas las salidas fueron tapiadas con bloques y argamasa, dejando apenas una pequeña rendija por donde pasar un plato con las tres comidas escuetas del día y un poco de luz y aire; en estás espantosas condiciones, la condesa vivió durante cuatro años enteros antes de perecer), y es prudente señalar que quien descubrió y proporcionó algunas de las dichas pruebas fue su primo y enemigo político, el conde palatino, Jorge Thurzó. 
     Este libro es una intrigante lectura, sin lugar a dudas. La vida y obra de un personaje histórico que navega entre la leyenda y la realidad sobre una barcaza construida con los 630 cuerpos de mujeres jóvenes, muchas de ellas vírgenes, torturadas, desmembradas y desangradas en los calabozos fríos del castillo de Csejthe.

lunes, 30 de septiembre de 2013

'Sukkwan Island' de David Vann

«Una isla salvaje en el sur de Alaska, a la que solamente puede accederse en barco o hidroavión, repleta de frondosos bosques húmedos y montañas escarpadas. Este será el inhóspito decorado donde Jim decidirá fortalecer las relaciones con su hijo Roy, a quien apenas conoce. Doce meses por delante, viviendo en una cabaña apartada de todo y de todos: parece una buena oportunidad para estrechar lazos y recuperar el tiempo perdido. Pero la situación, poco a poco, deviene clautrofóbica, asfixiante, insostenible. La difíciles condiciones de supervivencia y la olla a presión emocional a la que se ven abocados padre e hijo acaban por conformar una postal de pesadilla». 

     Terminé este libro días atrás y aún puedo sentir su reverberación en los rincones más profundos de mi mente, allí donde pensamientos inconfesables brotan como diminutas flores pálidas y descoloridas desde una oscuridad virginal. Hay lecturas que son velos que no ocultan sino que, paradójicamente, a través de ellos se desvelan paisajes que antes nos eran invisibles. Este libro es uno de esos casos. Su lectura ha sido adentrarse descalzo a una ciénaga poblada de formas inciertas y descubrir al final de ella toda la miseria que nos conforma, toda la desdicha que somos capaces de infligirnos y de infligir a otros. Incluso desde las relaciones más cercanas, como es en esta historia la del padre y la del hijo. 
     Los personajes son escasos pero abismales y recónditas sus interacciones. La carga emocional que David Vann ha imprimido magistralmente a este novela no deja de asombrarme en la misma medida que me espanta. Retratar con tanta exactitud el infortunio del prójimo, aún cuando éste no es del todo visible, resulta ser un proceso denso pero cuyos frutos son significativos y complejos. No hay lugar para la intuición en estos parajes donde el ánimo de cada personaje se refleja en los inhóspitos y salvajes paisajes. Una relación simbiótica entre ambos factores nutre toda la tensa calma durante la historia no dejando espacio para el descanso de los ojos. Lo curioso de todo esto es que la trama no le es totalmente ajena al autor: su propio padre se suicidó dos semanas después de pedirle que se fuera a vivir con él a Alaska durante un año. Vann declinó la invitación. Ahora escribe esta historia en la que el niño dice que sí y pasa la temporada con el padre. En sus propias palabras asegura que «la ficción puede ser muy redentora». 
     Quienes tengan o hayan tenido una relación complicada con sus padres, podrán inquietarse frente a la refracción que causa este libro en esos casos. Todos los abismos no hacen más que reflejar la profundidad de quienes se asoman en ellos.

lunes, 23 de septiembre de 2013

'La Fortaleza' de F. Paul Wilson

     Hace poco terminé de leer este libro y al empezarlo no esperaba gran cosa. Sólo quería una historia ligera, superficial y entretenida, algo insustancial cuya lectura no implicara subrayar y releer frases en voz alta, algo que pudiera leer en el bullicio del Metro, sentado en un café o esperando a que el perro hiciera sus necesidades para subir de nuevo al apartamento. 
     Y así fue, hasta cierto punto.
    La descripción de la novela me llamó poderosamente la atención: nazis, entes sobrenaturales, Transilvania. Era una promesa de entretenimiento. Escrita originalmente en 1981 y con una adaptación al cine realizada por Michael Mann en 1983, no pude resistirme a esta nueva edición del libro (2012) porque ya desde 1994 que no se veía una. No cabe duda que fue una misión de rescate de alto riesgo lo que realizó la editorial. Los lectores siempre agradecemos ese tipo de gestos. 
     Los sucesos ocurren en el Paso de Dinu, Rumania, antiguo Principado de Valaquia. Segunda Guerra Mundial, año 1941, fecha en que la Alemania nazi estaba en todo su apogeo pero a lo lejos era visible un inminente declive. Una compañía de soldados rasos del ejército alemán tiene la misión de tomar posesión de un edificio aparentemente medieval con fines estratégicos. Una estructura demasiado pequeña para ser considera un castillo y cuyas dimensiones y disposición no dejan lugar a dudas que es un edificio levantado con propósitos meramente defensivos. Llamada simplemente La Fortaleza por los habitantes del pueblo vecino, que ignoran su historia, por quién fue construida y para qué. Nadie se acerca a ella, ni siquiera los pájaros y tampoco es un lugar turístico. Sin embargo, alguien desconocido ha pagado durante años su mantenimiento, del cual se encarga una familia de aldeanos desde hace siglos. Un evento dentro de sus paredes revela la verdadera naturaleza de La Fortaleza y los soldados nazis empiezan a morir de forma atroz, uno cada noche. La situación se hace insostenible y el Estado Mayor alemán envía un comandante de la SS Schutzstaffel acompañado por un escuadrón de la muerte, los einsatzkommandos. A este punto de la historia es imposible despegarse del libro. En toda esta primera parte, el autor se concentra en crear la atmósfera de misterio tan adecuada para que se desarrollen los hechos. En la segunda parte, ciertas preguntas empiezan a tener respuestas y es aquí donde quiero explayarme.


     El libro plantea en cierto momento que hay dos fuerzas antagónicas, ancestrales, tan viejas que es imposible para el Hombre rastrear su origen y determinar su propósito. Una de ellas se inclina con vigor abrumador hacia el Caos y la Destrucción, la Oscuridad, la muerte, la enfermedad, las crueldades, etcétera; y la otra, hacia la Luz. Pero lo principal es que esta última fuerza resiste a la primera mas no la combate. Y hay una diferencia: se combate entre iguales y quien resiste lo hace frente a un adversario que lo supera en número y poder. Estas dos fuerzas escapan a la religión, a Dios o al Diablo, a toda concepción socio-política, moral, ética y filosófica pero se valen de todo esto para prevalecer una sobre la otra. Tampoco pueden considerarse como el Bien y el Mal absolutos porque no lo son. Son más que eso, anterior a eso. Definirlas sería limitarlas, como diría Oscar Wilde. 
     Me es imposible continuar sin revelar algunos trazos fundamentales de la historia así que pararé de escribir esto pero antes haré la amigable advertencia de la moraleja épica que se encontrarán con la lectura de este libro.